Más sobre la estimulación temprana

Muchos me preguntáis sobre cómo potenciar el patrón cruzado cuando los niños ya caminan, sobretodo en los casos de niños que no han gateado nunca y os preocupa que vuestro hijo se pierda los beneficios que aporta dicho patrón cruzado en la práctica del gateo.

Antes de daros unos consejos para trabajarlo, quiero señalar un error que, desgraciadamente, cometemos muchos padres cuando el niño tiene cerca de 12 meses. Generalmente a esa edad, los padres nos empezamos a preocupar por si nuestro hijo camina o no, porque empezamos a ver que muchos de los niños de la edad de nuestro pequeño ya lo hacen. Y entonces, llegados a este punto, nos empeñamos en hacerlo caminar e insistimos en ponerlo de pie, ayudarle a levantarse, cogerle de los brazos… Todos estas acciones, que hacemos por nuestras ansias de que camine lo antes posible, son totalmente desaconsejables por la sencilla razón de que el niño, empieza a caminar,en el momento que está preparado para ello. Y, si resulta que a esta edad nuestro hijo sigue gateando, es mejor que lo haga todo el tiempo que necesite, porque cuando se sienta listo para caminar, sin duda lo hará. Sobretodo quiero remarcar un hecho y es que los niños, una vez empiezan a caminar, ya no vuelven a gatear nunca más, lo cual, como ya sabéis, es fundamental para la estimulación temprana. 

Aclarado este punto y en relación a qué hacer en el caso de los niños que nunca han gateado, mi sencilla propuesta es que caminen. Que caminen mucho. Es muy importante potenciar ese caminar, incluso desde edades tempranas. Para ello, hay que tener en cuenta unos consejos imprescindibles, para lograr que el ejercicio de caminar se haga de una forma óptima. Lo primero a considerar, es que los niños deben caminar con el calzado adecuado y éste, tiene que ser flexible, ligero y de suela muy fina para que puedan sentir bien la superficie. Por el mismo motivo, hay que revisar la vestimenta y hemos de pensar en la ropa más apropiada para su comodidad; lo ideal es que sea ligera y que aporte mucha movilidad. Así que, si hace frío, o es invierno, debemos evitar en la medida de lo posible, lo que son las chaquetas gordas y rígidas, que dan a nuestros niños forma de T y les impiden moverse con soltura; mi consejo es utilizar chalecos gruesos, que les calienten bien el tronco, pero que les dejen los brazos libres. 

Otra de las cosas importantes para que logren mayor autonomía en el caminar, es que los niños deben tener los brazos completamente sueltos y no ir cogidos de una o dos manos, ya que lo que nos interesa, es que los niños encuentren su eje de equilibrio con sus propios brazos. Si los tenemos cogidos, claramente, los descompensamos. 

Y para poder favorecer el caminar, otra medida a tomar, es evitar al máximo el carrito. Los carritos a partir de los 18 meses, si los niños ya andan, deben aparcarse y utilizarse únicamente en ocasiones que lo requieran. Por ejemplo: si tenemos que pasar un día entero fuera de casa y nuestro hijo tiene que hacer la siesta, si vamos a ir a un restaurante, o vamos a estar en algún lugar donde el niño se vaya a cansar, etc., entonces podemos llevarlo y utilizarlo como un elemento auxiliar. Pero para hacer cualquier tipo de desplazamiento, os aconsejo evitar el cochecito a toda costa. 

Otro tema que, sin duda, preocupa a todos los padres en el momento en que el niño empieza a caminar, es su seguridad. Obviamente, llevar a un niño pequeño suelto y libre, ya sea en la ciudad o en zonas más rurales, puede ser peligroso. Y para evitar riesgos, sin prescindir de la libertad del pequeño, mi propuesta es que utilicéis un arnés. Sé que el arnés es algo, que muchos adultos ven como un elemento muy extraño y que relacionan su uso únicamente a los animales. Pero el motivo real, es que no estamos acostumbrados a verlo destinado a los niños; sin embargo, debemos pensar en los estupendas cualidades que aportan. Por un lado a los niños les permite caminar, les concede autonomía e independencia y les posibilita tener los brazos libres tanto para poner las manos, si se caen, como también para poder encontrar su eje de equilibrio (tal como como os apuntaba antes). Por otro lado, a los padres nos da la seguridad de controlarlos, ya que están perfectamente sujetos por una correa, que nos va a permitir intervenir rápida y eficazmente, en caso de que sea necesario. 

Una vez os iniciéis en el tema del caminar veréis, que en cuanto los niños cogen práctica caminando, se convierten en verdaderos expertos y tienen una resistencia realmente impresionante; niños de año y medio o 2 años, son capaces de andar seguido muchos metros, muchísimos más de los que nos podamos imaginar, pero todo es cuestión de darles oportunidades y facilitar su experiencia.

Así que, poned todos los consejos en práctica, comprad un arnés y disfrutad el camino con vuestros hijos.

Carmen Romero, psicóloga infantil, experta en estimulación temprana.