Más sobre la estimulación temprana

Hoy me gustaría hablaros sobre un tema muy en boga: el porteo, y si recomiendo o no, la mochila para llevar al bebé.

Personalmente todo el tema del porteo me parece maravilloso y aporta muchísimos beneficios. Sé que ello no es siempre posible y, por supuesto no es imprescindible, pero también creo que vale la pena acostumbrarse a llevar al bebé desde pequeñito, ya que con la práctica diaria el esfuerzo va disminuyendo y además queda minimizado por los  positivos resultados que conlleva.

La cualidad fundamental del porteo es el vínculo que se establece gracias al contacto físico directo entre el cuerpo del bebé y el de la persona que lo lleva (generalmente madre o padre). Este continuo contacto al tener al bebé tan cerca, especialmente cuando son recién nacidos o muy pequeñitos, trabaja el tema del apego de forma constante y es un modo súper eficaz de transmitir seguridad, aportar calor y, a la vez, la manera ideal de calmarlos y relajarlos en todos esos momentos complicados que experimentan los niños en los primeros meses de adaptación al nuevo mundo, en los que a veces se angustian o tienen malestares por diversas causas.

Por otro lado, a nivel de estimulación, el porteo es extraordinario para el desarrollo vestibular. Este tipo de desarrollo es el que tiene que ver con el equilibrio. Para que un niño pueda gatear, caminar  o correr bien, necesita tener bien desarrollado el equilibrio ya que éste es el nos permite conocer bien nuestro cuerpo y por tanto, nos posibilita poder coordinarlo. Muchas veces nos encontramos con niños ya un poquito más mayores (alrededor de los 6 años de edad o más) que se inician en deportes como el fútbol o el tenis y que, a pesar de tratarse de niños que caminan y  corren, a la hora de tener que coordinar para darle a la bola, o no son capaces de hacerlo o les cuesta muchísimo. Muchas de estas dificultades en la coordinación están relacionadas con una falta de desarrollo en el equilibrio del niño. Cuando son bebés pequeñitos y ligeros nos es muy fácil trabajarlo. Sin embargo a medida que van creciendo y cuanto más mayores se hacen (a pesar de que TODO se puede ejercitar) este trabajo del equilibrio nos exige un mayor esfuerzo y obtiene un menor resultado. Así que lo ideal es aprovechar esas edades en las que el bebé pesa poco y, a través del porteo, del juego o del baile, potenciarles toda la parte vestibular que posteriormente va a ser muy beneficiosa para su movimiento autónomo. Porque un niño que tiene bien desarrollado el equilibrio , un niño que coordina bien, es un niño más autónomo y por tanto su autoestima es mayor. 

Sin duda os preguntaréis ¿Y cómo se consigue este desarrollo con el porteo?. Pues porque de manera natural cuando llevamos al niño en el portabebés, nuestro hijo constantemente está recibiendo sensaciones vestibulares. Toda nuestra actividad diaria ya sea caminar, correr, girarse, agacharse, subir, bajar, saltar… es percibida por el niño. Y no se trata únicamente de simple percepción si no que, a medida que nosotros nos movemos con el bebé a cuestas, también lo hace él. Y este incesante movimiento que el bebé va recibiendo a lo largo del día está estrechamente relacionado con el desarrollo vestibular.

A la hora de elegir un portabebés o mochila siempre tenemos que tener en cuenta que sea adecuado y que cumpla con los requisitos mínimos para sostener bien al bebé y que a la vez permitan que el adulto se sienta seguro. Porque, desgraciadamente,  las personas que solemos hacer porteo hoy en día, vamos con cierta inseguridad y siempre que llevamos al bebé encima nos movemos como si fuéramos robots, a un paso lento, rígido y evitando al máximo (sobretodo cuando son pequeñitos y no aguantan la cabeza) agacharnos hacia abajo o dar un  giro un poco repentino y con cierta velocidad. Pero hay que quitarse esos miedos. Para ello tenemos que pensar en los bebés o en la maternidad con un poco de perspectiva y distancia; las mujeres desde la época de las cavernas y hasta hace pocos siglos, eran madres muy jovencitas. Niñas de 12 o 13 años se quedaban embarazadas prácticamente en el momento que hacían el cambio. Cuando el bebé nacía tenerlo en el suelo no era seguro por lo que los niños iban siempre enganchados a sus mamás. Claro está, estas niñas eran fuertes y podían cargar con los niños bastantes meses y, además por sus edades (rozando la infancia) jugaban, saltaban, subían por los árboles, se revolcaban, giraban… ¡con el bebé a cuestas! Todo esto nos demuestra lo determinante y necesario que ha sido  el porteo para el buen desarrollo de nuestros bebés. No hay más que ver que las mujeres de otras culturas que llevan una vida más natural van todas con el niño a cuestas. Incluso para trabajar. Hay que tener en cuenta que uno se inicia en el porteo cuando el bebé apenas pesa por lo que nuestros músculos y fuerza se incrementan paulatinamente a la vez que lo hace el peso del niño, por lo que al final, cuando nuestro cuerpo se acostumbra podemos cargar con niños más mayores sin problemas.

Por último y haciendo una comparativa con ciertos tipos de monos observamos que la cría va enganchada a la madre durante varios meses e incluso que las madres saltan de árbol en árbol con el bebé a cuestas. Es muy llamativo que la mayoría de estos primates tan acostumbrados  a este movimiento vestibular, tengan el equilibrio híper desarrollado y un control y una agilidad brutal que le permiten dominar su cuerpo a la perfección. 

En definitiva y, aunque parezca mentira, el tema del porteo es interesante para hacer a un niño más feliz en todos los ámbitos ya que trabaja de forma directa el tema del vínculo y del afecto al estar en contacto directo con el adulto, lo cual a medio o largo plazo le beneficia de una autonomía que, a su vez, también lo va a hacer más feliz.

Carmen Romero, psicóloga infantil, experta en estimulación temprana.

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