Más sobre la estimulación temprana
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En muchas ocasiones me preguntan si el movimiento libre que defiende Pikler y la estimulación temprana son compatibles.

Verdaderamente no se puede hablar de compatibilidad ya que son dos posturas con algunos elementos en común pero con objetivos distintos.

Emmi Pikler fue una pediatra húngara que por los años 30 del siglo pasado creó un sistema educativo, bastante revolucionario para su tiempo basado en el movimiento autónomo del bebé, algo del todo inusual en la educación de la época.

Su famosa metodología de movimiento libre se fundamenta en que la libertad de movimiento es la raíz que origina el desarrollo motor del niño. Que es el propio bebé el que de manera natural y mediante un aprendizaje basado en el autodescubrimiento va a aprender cómo moverse, relacionarse y desplazarse y que su desarrollo motriz surgirá de forma espontánea y a su propio ritmo. Para ello Pickler sugiere dejar al niño en el suelo boca arriba sin barreras a fin de que el niño pueda moverse a su aire.

Por su lado la estimulación temprana lo que propone es dejar al niño en el suelo sin fronteras pero ya en una posición boca abajo, que no descubre él solo si no que es iniciado por un adulto.

Es en este aspecto donde podemos apreciar que en apariencia podrían parecen posturas paralelas. Aunque lo más importante y, en lo que difieren absolutamente estas dos corrientes, es que Pikler defiende una actitud no intervencionista del adulto mientras que la estimulación temprana postula todo lo contrario.

Pikler al estar en contra de cualquier intervención deja que sea el azar quien decide el ritmo de desarrollo del niño. Es cierto que cuando tratamos con niños perfecta y completamente sanos, las cosas evolucionan positivamente de manera natural, pero ¿qué pasa cuando un niño tiene alguna dificultad o algún tipo de patología no detectada en el nacimiento o en el desarrollo?

Sabemos que existe aproximadamente un 18% de niños con dificultades que ni gatean ni se arrastran. En la estimulación temprana consideramos fundamentales los beneficios de estas dos etapas por lo que procuramos alargarlas al máximo. Y como sabemos que cuando un niño aprende a caminar nunca más vuelve a gatear, la única manera de prolongar este periodo es avanzarlo. Y, para ello, hay que intervenir para acelerar este proceso natural. Sin la ayuda de un adulto muchos niños, por mucho que estén en el suelo, no pasarán por esas etapas de movimiento que tanto interesan a la estimulación temprana o se iniciarán mucho más tarde acortando, lógicamente, su duración.

Y para ello yo defiendo que,a fin de prevenir, hay que intervenir. Porque no se puede estimular sin intervenir, ni se puede interferir ni avanzar en el proceso únicamente proporcionando la oportunidad al bebé debido a que, como ya he dicho antes, es el azar quien marca el ritmo.

Por tanto queda claro que aunque la finalidad de lograr el movimiento del bebé sea compartida por ambas metodologías las diferencias y objetivos entre una corriente intervencionista y otra que no lo es, difieren totalmente.

 

Carmen Romero, psicóloga infantil, experta en estimulación para bebés.

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